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Toco tu boca


“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mi para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.”

 

Julio Cortázar

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Otoño


En llamas, en otoños incendiados,
arde a veces mi corazón,
puro y solo. El viento lo despierta,
toca su centro y lo suspende
en luz que sonríe para nadie:
¡cuánta belleza suelta!

Busco unas manos,
una presencia, un cuerpo,
lo que rompe los muros
y hace nacer las formas embriagadas,
un roce, un son, un giro, un ala apenas;
busco dentro mí,
huesos, violines intocados,
vértebras delicadas y sombrías,
labios que sueñan labios,
manos que sueñan pájaros…

Y algo que no se sabe y dice «nunca»
cae del cielo,
de ti, mi Dios y mi adversario.

 

Octavio Paz

Jardín para Octavio Paz


Esta vibración verde es una planta envuelta en aire
este verde es el aire que perfuma
este perfume es el lenguaje de la planta

Yo no soy nada
si no soy la planta
el aire
la fragancia

y nada es nada
si no se ve que nada es nada
aquí
ahora

Un niño juega sobre el césped
elige un árbol
otro
otro
va de un árbol al centro del jardín
corre a otro árbol
a otro
vuelve al centro

Un pájaro canta
y desde fuera
árboles niño y pájaro
no son eso

Desde fuera es
desde dentro
para el que mira como quien
ama
como quien
lucha
como quien
pasa a través de ningún
obstáculo
La prueba más dura
ese salto que consiste en
quedarse inmóvil al borde de
la plenitud sin bordes
que
(plenitud)
no existe como imagen ni soporte
Y entonces
el niño llega al árbol
y se comprende que no había pájaro cantando
que el canto era ese nombre
que recibe ese acto
para el que está mirando como quien
ama
como quien
vive
como quien
sabe que los árboles
la verde vibración
que es la planta
envuelta en aire
lo salvan de ser eso
que todo el resto insiste en darle
a partir de zapatos
mujeres
espectáculos
días
El que mira es ahora lo mirado
pero el niño
elige nuevamente un árbol
corre y regresa
y otra vez corre y vuelve
Lo mirado se queda más allá
y el que miraba vuelve a ser
ése que mira

         Hasta que alguna vez acaso

         Hasta que no haya vuelta

Julio Cortázar

Poema de la despedida


Te digo adiós, y acaso te quiero todavía.
Quizás no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste… No sé si te quería…
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

 

Este cariño triste, y apasionado, y loco,
me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho… no sé si te amé poco;
pero sí sé que nunca volveré a amar así.

 

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
y el corazón me dice que no te olvidaré;
pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

 

Te digo adiós, y acaso, con esta despedida,
mi más hermoso sueño muere dentro de mí…
Pero te digo adiós, para toda la vida,
aunque toda la vida siga pensando en ti.

 

José Ángel Buesa

Curarme de tí


Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»… Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

Jaime Sabines

Quiéreme entera


Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, y verde, y rubia,
quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!

si me quieres, no me recortes:
¡quiéreme toda… o no me quieras!

Dulce María Loynaz

Esta noche no hubo luna…


Esta noche no hubo luna…

 

Ahora camino de noche
porque las noches son claras…
Y esta noche no hubo luna,
no hubo luna amiga y blanca…

y había pocas estrellas,
pocas estrellas y pálidas…

 

Y era todo triste sin la luna amiga…
y era todo negro sin la luna blanca.

 

No se veía la cinta
de la carretera larga…
los olivos del recuesto
apenas se dibujaban…
un murciélago pasó
rozándome la cabeza con el ala …
y me ladraron los perros
en los bancales con saña.
Sin luna todo era negro y triste…
vi una luz allá lejana…
y, a tientas, fui hasta la luz
y en la luz pedí posada…

 

Esta noche no hubo luna…
no hubo luna amiga y blanca…
Y recordé aquella noche
en que no vino mi amada…

 

y en que yo loco de amor,
lleno de fiebre y de ansias…
hice también alto
en la primera posada…

 

León Felipe

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